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25 de julio de 2012

La gran mentira sobre la prima de riesgo


 por  el 23 julio, 2012
La prima de riesgo es un término que ha ido cobrando un protagonismo crucial durante los últimos años (podríamos decir meses), a pesar de que antes de la irrupción de la crisis era algo que tan solo conocían las personas relacionadas con el mercado de deuda pública. Hoy día todo el mundo ha oído hablar de la prima de riesgo, aunque no sea plenamente consciente de lo que significa (para entender en qué consiste y cómo se calcula, leer este post). Simplificando, podríamos decir que la prima de riesgo indica cuánto le cuesta al estado en cuestión financiarse en el mercado de deuda pública. Cuanto más alto sea su valor, más difícil le resultará financiarse.
Ésa es la lectura objetiva de la prima de riesgo. Es un hecho, y es irrefutable. Sin embargo, los dirigentes políticos y económicos añaden a esta interpretación una serie de apreciaciones que responden más a una dimensión subjetiva que a una objetiva. Tan subjetivas son estas apreciaciones agregadas, que en este post se tratará de demostrar que tales afirmaciones no son tan ciertas como se dice y que no se corresponden con la realidad. Vamos a verlo.
A través de los medios de comunicación convencionales escuchamos a políticos, economistas, y otros expertos hablar de la prima de riesgo como si fuera un indicador que refleja la salud presupuestaria del país. Se nos dice abiertamente que cuanto peor lo esté haciendo un país en materia fiscal o presupuestaria, mayor será su prima de riesgo. En otras palabras: nos dicen que cuanto mayor déficit o deuda pública presente un país, más elevada será su prima de riesgo (o al menos más probabilidades tendrá de ser elevada o de aumentar). De esta apreciación subjetiva se deduce que la única forma de que disminuya la prima de riesgo es reducir el déficit y la deuda pública a través de recortes en el presupuesto estatal, ya sea aumentando los impuestos (por cierto, los impuestos que más perjudican a los que menos recursos tienen) o reduciendo los gastos públicos.
Lo que se tratará de hacer en este post y en el siguiente es refutar ambos alegatos: tanto la interpretación subjetiva como la conclusión que se deriva de la misma. La afirmación en cuestión es la siguiente: “cuanto mayor déficit o deuda pública presente un país, más elevada será su prima de riesgo”. La conclusión asociada es: “el valor de la prima de riesgo disminuirá si se reduce el déficit y la deuda pública a través de recortes en el presupuesto”. En este post contrastaremos la primera proposición, y en el siguiente haremos lo propio con la segunda (a pesar de que si constatásemos que la primera es falsa, obviamente la segunda también lo será, ya que se deduce de la primera).
En la siguiente tabla se muestra el nivel de déficit y de deuda pública para una serie de países de la Unión Europea ordenados en función de su prima de riesgo (1), con objeto de verificar la relación de dichos indicadores.
Fuente: Oficina estadística de la Comisión Europea (EUROSTAT) y datosmacro.com. Valores de déficit y deuda pública en porcentaje sobre el PIB.
Un vistazo rápido nos permitiría ver que el país que lidera el ranking de prima de riesgo y con diferencia (Grecia) posee la mayor deuda pública y presenta el segundo peor déficit de la tabla (y también de toda la Unión Europea de los 29). Los siguientes tres países que siguen a Grecia en el ranking de prima de riesgo (Portugal, Irlanda y España) también presentan elevados valores de déficit y de deuda pública, aunque en el caso de Italia el déficit no es muy elevado si lo comparamos con su prima de riesgo, y lo mismo ocurre para España si atendemos a su deuda pública (notablemente reducida en relación a su desorbitada prima de riesgo). En cualquier caso, la sorpresa viene con el siguiente país del ranking: Hungría. Este país presenta una prima de riesgo muy crecida y sin embargo sus cuentas públicas presentan superávit (el segundo más alto de toda la Unión Europea de los 29, solo por detrás de Noruega) y una deuda pública que, sin ser muy estrecha, se sitúa en un valor por debajo de nueve países europeos (entre los que están Francia, Bélgica y Reino Unido). La supuesta relación entre prima de riesgo e imperfecciones en política presupuestaria parece no cumplirse en absoluto en el caso de Hungría. Otros países que nos pueden sorprender son Polonia y República Checa: ambos tienen una prima de riesgo superior al nivel que se considera estable, y sin embargo tanto sus déficits como sus cantidades de deuda pública son reducidos. En el otro extremo de la tabla encontramos situaciones inversas: estados como los de Países Bajos o Reino Unido muestran una prima de riesgo verdaderamente sana, a pesar de tener elevados déficits y elevados montantes de deuda pública.
Quizás una mejor forma de poner a prueba esta relación es comparando unos países con otros. Por ejemplo: Irlanda presenta indicadores presupuestarios mucho más preocupantes que los de España, y sin embargo sus primas de riesgo apenas se distancian en 100 puntos básicos.
Portugal, que presenta una prima de riesgo muy superior a la de Irlanda a pesar de mostrar niveles de déficits y deuda pública más sanos.
Este mismo resultado se aprecia si comparamos Portugal con Italia.
Más llamativa es la comparación entre Reino Unido y España: con un déficit similar, la prima de riesgo española es infinitamente superior a la británica a pesar de que la deuda pública española es notablemente inferior.

Muy similar a este caso es el que se observa entre Polonia y Países Bajos,
o Hungría y Reino Unido,
o República Checa y Países Bajos.
En fin, a pesar de que la supuesta relación entre prima de riesgo y deficientes niveles presupuestarios se cumple para muchos estados, podemos comprobar que no ocurre así para la totalidad de los países y que además existen grandes disparidades entre unos países y otros. Todo ello nos invita a concluir que ni esta relación se cumple siempre, ni se cumple en la misma proporción para todos los países. Por decirlo de otra manera: los niveles de déficit y deuda pública no necesariamente determinan el nivel de la prima de riesgo, ni lo determinan de la misma forma para todos los países. De aquí se deduce que existen otros factores que también influyen en las oscilaciones de la prima de riesgo. Entre ellos destaca fundamentalmente lo que en economía se llaman “ataques especulativos autogenerados”. Estos ataques consisten en la afluencia de operaciones especulativas (llevadas a cabo por los inversores financieros), las cuales siempre se dirigen allí donde más dinero se puede ganar. Cuando existen dudas sobre la solidez económica o financiera de un país (ya sea por un elevado déficit o porque se difunde la idea de que el país es corrupto, o por cualquier otro motivo que ponga en duda su credibilidad), estos especuladores atacarán en manada porque podrán encender la mecha que supone esa falta de confianza y generar cuantiosos beneficios a través de sus operaciones. Como contrapartida, la confianza del país se verá mermada y la prima de riesgo aumentará (para comprender el poder que pueden alcanzar los especuladores mediante sus actividades financieras y cómo pueden poner de rodillas a un país entero leer este post).
En el punto de mira de estos ataques especulativos autogenerados se han situado principalmente los países del sur (España, Grecia, Portugal, Italia…). En ocasiones por presentar un elevado nivel de déficit o de deuda, en otros casos por protagonizar casos de corrupción, o por ser la diana de críticas muy variadas (a menudo mal fundamentadas). Es decir, los especuladores han aprovechado los puntos débiles de algunas economías para atacarlas y así obtener jugosos beneficios, provocando a su vez un deterioro en la confianza de estos países y consecuentemente una escalada en sus niveles de prima de riesgo. Por esto podemos entender por qué los Países Bajos o Reino Unido, por ejemplo, tienen una prima de riesgo muy reducida a pesar de tener elevados niveles de déficit y deuda pública: la opinión generalizada que se tiene de estos países es que son económicamente sólidos y por lo tanto muy difíciles de atacar a través de operaciones financieras.
A pesar de su importancia, los ataques especulativos autogenerados apenas son tratados en el discurso difundido a través de los medios de comunicación. Se intenta ocultar este tipo de factores para resaltar intencionadamente la responsabilidad de los niveles de déficit y deuda pública en la evolución de la prima de riesgo, con el objetivo de que los países castigados por la prima de riesgo adopten las medidas pertinentes para mejorar sus cuentas públicas a través de dolorosos recortes (asunto que trataremos en el próximo post).
Concluyendo. La prima de riesgo no aumenta porque lo haga el déficit o la deuda pública. La prima de riesgo aumenta porque se ha deteriorado la confianza del país en cuestión y los especuladores financieros han aprovechado la situación para atacar al país mediante distintas operaciones financieras y así obtener beneficios. Puede ocurrir que un elevado déficit o montante de deuda pública sea utilizado para mermar la confianza de un país, pero en absoluto esa relación es determinante. Un país puede presentarse muy sólido económicamente y evitar los ataques especulativos aún presentando niveles preocupantes de déficit y deuda. Y esto es algo que hay que tener muy en cuenta para evitar ser engañados por los mensajes que una y otra vez nos lanzan para que demonicemos el déficit y la deuda pública y terminemos creyendo que los recortes presupuestarios son la solución al problema.
 Notas.
(1)    Los valores de déficit y deuda pública son los presentados a final de 2011 (en porcentaje sobre el PIB). Los de la prima de riesgo son los del 22 de julio de 2012.

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"La información ya no tiene relevancia"

Estos últimos años se han hecho públicas informaciones de todo tipo que deberían haber dañado la estructura del Sistema hasta sus mismísimos cimientos y sin embargo la maquinaria sigue intacta, sin ni tan solo un arañazo superficial. Y esto pone de manifiesto un hecho extremadamente preocupante que está sucediendo justo ante nuestras narices y al que nadie parece prestarle atención. El hecho de que SABER LA VERDAD YA NO IMPORTA.

Parece increíble, pero los acontecimientos lo demuestran a diario. La información ya no tiene relevancia.

Nuestro cerebro se ha convertido en un drogadicto de la información rápida, en un yonqui ávido de continuos chutes de datos que ingerir, a poder ser pensados y analizados por cualquier otro cerebro, para no tener que hacer el esfuerzo de fabricarnos una compleja y contradictoria opinión propia. Porque odiamos la duda, pues nos obliga a pensar, ya no queremos hacernos preguntas, solo queremos respuestas rápidas y fáciles. Somos y queremos ser antenas receptoras y replicadoras de información, como meros espejos que rebotan imágenes externas, pero los espejos son planos y no albergan más vida en ellos que la que reflejan proviniendo del exterior.

Para emprender una transformación profunda de nuestro mundo, para iniciar una auténtica Revolución que lo cambie todo y nos lleve a una realidad mejor, deberemos descender hasta las profundidades de nuestra psique, hasta la sala de máquinas, donde están en marcha todos los mecanismos que determinan nuestras acciones y movimientos. Ahí es donde se está dirimiendo la auténtica guerra por el futuro de la humanidad. Nadie nos salvará desde un púlpito con brillantes proclamas y promesas de una sociedad más justa y equitativa, nadie nos salvará sólo contándonos la supuesta verdad, ni desvelando los más oscuros secretos de los poderes en la sombra.

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