Páginas

16 de julio de 2017

Las Cloacas del Estado

6/7/2017

#LaCafeteraCloacasDelEstado - Fernando Berlín


Luego vas y te crees que porque te dejen votar cada cuatro años vives en una democracia. Es una democracia a medias, solo a medias…

Cuando sabes que hay policías, jueces, políticos, empresarios… y toda una trama detrás que ha estado actuando en la sombra desde hace décadas para los intereses de unos pocos, no se puede decir que vivamos en una democracia como tal, más bien es una democracia engañosa y mísera.  
Cuando sabes que hay una policía paralela, que actúa de forma corrupta al margen de la policía que sí que hace bien su trabajo, y que elaboran informes falsos para desprestigiar a los rivales políticos contrarios a los intereses de los poderosos, según interese, y un sinfín de cosas dignas de una película de espías y tramas mafiosas, no se puede decir que vivamos en democracia. Vivimos con coletazos de la dictadura todavía, y eso, después de haber pasado tantos años, no puede hablar bien de nuestra democracia.
Esta gente que conspira con estas prácticas, el desprecio que tiene por el poder legislativo y por el Parlamento es absoluto.

Se cree que, una mentira, contada en diferentes medios por un tiempo considerable, al final, esa mentira se la creen un 50% de las personas que la oyeron.

Estoy seguro, que a poco que hayáis visto esta semana algún telediario o hayáis leído algo de la prensa, habréis visto abrir telediarios o leer en primera página, seguro, el homenaje a Miguel Ángel blanco; habréis oído hablar de los logros del gobierno (según ellos), y como no, de lo que está pasando en Venezuela; como si no hubiese ningún otro país en el mundo donde se violen los derechos humanos a diario, pero dudo mucho, y estoy casi convencido, que la mayoría de vosotros no habréis visto abrir ningún telediario ni en primera página de los periódicos de siempre, hablar, ni mencionar un poco siquiera, sobre el documental que se estreno la semana pasada sobre "Las cloacas de Interior"un trabajo de investigación que desentraña las maniobras de guerra sucia y persecución de los oponentes políticos en el seno del Ministerio de Interior del gobierno del PP. Producido por Mediapro, recoge el trabajo de los periodistas de Público, Patricia López y Carlos Enrique Bayo.
Ni lo habréis visto ni lo vais a ver, al menos por el momento, porque ninguna cadena de televisión de ámbito nacional ha querido emitirlo y dar la noticia sobre ello. El gobierno se está preocupando mucho que se haga el menor ruido posible con este asunto, no les interesa que se sepan las vergüenzas que el documental destapa.

7 de julio de 2017

España, un extravío ético

5/7/2017

Ramón Lobo
Vendemos como un éxito que un rey haya pronunciado de pasada la palabra dictadura tras 40 años de democracia cuando la tardanza resulta vergonzosa.

Las guerras civiles tienen una mala solución política porque se meten debajo de la piel de las personas, dividen familias y pueblos. Tampoco es fácil salir de dictaduras en las que la vida pende de la obediencia: aquí los sumisos; allá, los muertos y desaparecidos. En ambos casos es necesaria una reconstrucción ética, resintonizar principios y valores para sanear la sociedad, impedir que se simule la paz escondida en la inmoralidad del silencio.

No ha habido un esfuerzo por parte del Estado en edificar una paz sana.
Heredamos una habitación de aire viciado y muebles rotos y así la mantenemos como si cualquier cambio pusiera en peligro la concordia. Es una paz basada en la mentira, el silencio y el desprecio a los que lucharon por la libertad o padecieron la represión.

El acto solemne de los 40 años de democracia fue una exhibición de los defectos de una España plagada de corrupción que condecora a los actores de la represión en vez de abrazar a sus víctimas. Hay una corrupción ética por encima de la económica que la permite y alimenta. Que un PSOE con 202 diputados en otoño de 1982 no se atreviera a hacer suya la búsqueda de los fusilados es una prueba del extravío.

2 de julio de 2017

Desmontando a Marhuenda

25/6/2017

Siempre ha sido una verdad generalmente aceptada que el buen periodismo sirve para acotar y defender el territorio de la verdad informativa y ser testigo de la decencia profesional. Con razón aconsejaba Montesquieu huir de aquel país en el que los políticos y los poderosos pueden controlar la verdad. En un país en que los periodistas se autoaplicaran estos códigos éticos es seguro que un genovés como Francisco Marhuenda, director del periódico de ultra derecha La Razón, tendría serias dificultades para ejercer como profesional del periodismo. El mayor obstáculo para este periodista y su objetiva visión de la realidad es que no se entera de qué va la cosa. Es una mente pensante inmersa “en mil enredos”. Da la impresión de que hace diagnósticos equivocados de la situación, como si el origen de los males nunca estuviese en las gestiones del gobierno del PP, sino que todo es culpa de la oposición. Marhuenda es de los que jamás acierta en la solución porque siempre se equivoca en el diagnóstico.
Los que acostumbramos a leer diariamente la prensa y escuchar algunas tertulias, si pudiéramos prescindir de algunos pseudo periodistas superfluos, permanentes mamporreros del poder, que desembarcan cada día en todas las tertulias, del primero del que me desprendería sería del tal Francisco Marhuenda. Sería una catarsis social e higiénica liberarse de escuchar a un tertuliano insoportable, gesticuloso, engolado, con adherencias y ademanes cursis y despectivos contra quien no piensa y siente como él; un sabelotodo sectario que, como en aquellos cuentos de mi infancia, cual “Guerrero del Antifaz defendiendo a su amada Ana María”, siempre está dispuesto a defender a Rajoy. Marhuenda es la “Scheherazade” del PP, cada día tiene que inventarse un cuento para mantener viva su incondicional fe y su admirada y patética adulación al presidente del PP y a su gobierno.
Decía el sociólogo Ilvio Diamanti que “…ante la creciente debilidad de la clase política actual, sus dirigentes y Gobiernos tienden a utilizar los medios de comunicación para dirigirse a la sociedad, obviando los problemas reales que les incomodan, en términos de encuestas, con exceso de datos económicos, siempre favorables gracias a su buena gestión”. Esta y no otra es la función periodística de Marhuenda: utilizar su diario, La Razón, como un incensario a favor de su amado líder Rajoy “concitando en él -como su dios- todo el bien sin mezcla de mal alguno”.
Marhuenda es de esos personajes, omnipresente en todas las tertulias, con abundancia de papeles a su alrededor para impresionar, orgulloso de hablar de sus numerosos títulos académicos, sin mostrar jamás documento que lo acredite, con el fin de esconder sus carencias; preocupado en aparecer como persona informada que todo lo sabe, con tendencia al ridículo y con una muletilla permanente: ¡A ver si os enteráis!, lanzada a los de enfrente -a los que considera rojos de izquierda-; si las tertulias no vivieran de algunos papanatas, pocos le pondrían cara.

1 de julio de 2017

Llamar dictadura a la dictadura cuatro décadas más tarde

29/6/2017
¿Hacen falta otros cuarenta años para que España deje de tener un enorme mausoleo dedicado a un dictador, fosas comunes en las cunetas y torturadores impunes?

Siglo XXI. Año 2017. Unión Europea. El rey Felipe de Borbón califica con rotundidad al franquismo como una "dictadura". Su padre nunca usó este término. Han pasado 42 años desde la muerte de Franco, 40 desde las primeras elecciones de este periodo democrático. Han pasado dos reyes y cuatro décadas, y el enorme retraso en admitir lo evidente deja claro el problema de desmemoria que tiene la democracia española.
El discurso del rey y la conmemoración del cuarenta aniversario de las elecciones de 1977 han reabierto el debate sobre la Transición española; sobre sus luces y sus sombras. Sin duda, el sistema democrático que nació de la Transición ha sido un éxito para España. Pese a sus muchos defectos, pese a la última gran crisis económica, los últimos cuarenta años han sido, de largo, el periodo más próspero de nuestra historia.
No me atrevo a dar lecciones a aquellos que, con sus aciertos y errores, abordaron la difícil negociación con banda armada; los primeros años de una democracia amenazada a diario por el ruido de sables del búnker franquista. Probablemente tienen razón quienes argumentan que, en aquel momento, era difícil ir más lejos, y que por eso no quedó más remedio que apartar algunos temas, como el de las víctimas.
El gran desastre no está en la Transición, sino en el olvido de las décadas posteriores. En lo que no se hizo después, cuando el Ejército estaba ya controlado y la democracia no corría peligro; en unos años en los que restituir la memoria de las víctimas del franquismo y juzgar a torturadores como Billy el Niño no habrían puesto nada en riesgo.
Es hasta comprensible que el rey Juan Carlos elogiase al "generalísimo" Franco y sus "enormes cualidades humanas" en su primer discurso de Navidad, el 24 de diciembre de 1975; un mes después de la muerte del tirano y con todo su aparato de poder aún intacto. No tiene perdón que después no abjurase de aquellas palabras ni que hayan tenido que pasar cuatro décadas para que un Borbón llamase dictadura a la dictadura.