25/6/2017
Juan Torres López
Vía: http://www.eldiario.es/zonacritica/CETA-acuerdo-libre-comercio-ventajas_6_658344170.html
Es una miserable impostura intelectual hacer creer que quienes critican el CETA son cuatro populistas sin razones, ni fundamento, enemigos del progreso ¡o incluso del comercio!
Décimo artículo de la serie 'Desvelando mentiras, mitos y medias verdades económicas'
Hace
unas semanas escribí en esta serie de artículos sobre mitos y mentiras
económicas uno dedicado a denunciar los que tienen que ver con
las condiciones en que se desarrolla el comercio internacional de nuestros días
( Los mitos sobre el comercio internacional y las
ventajas del librecambio). En él señalaba que los economistas y
políticos neoliberales suelen responder a los economistas que critican el mito
del libre cambio y el modo tan injusto en que funciona el comercio
internacional actual con meras caricaturas, acusándolos de defender el
proteccionismo o la autarquía.
No ha pasado mucho tiempo
para que me den la razón. El Partido Socialista ha anunciado su posición más
crítica ante el CETA (el amplio acuerdo comercial entre la Unión Europea y
Canadá) y el Gobierno responde diciendo que lamenta que el PSOE " vire al proteccionismo como Podemos o la extrema
derecha" y dirigentes europeos acusan a Pedro
Sánchez de oponerse a la globalización.
Algunos de los economistas
españoles más conocidos también se han pronunciado en este sentido y la
naturaleza de los "argumentos" que utilizan para defender el CETA son
bien significativos.
Daniel Lacalle califica a los
críticos del acuerdo como "enemigos del progreso" y se hace un
lío defendiendo al mismo tiempo una cosa y la contraria con tal de combatirlos:
por un lado, dice que el CETA "es un acuerdo bilateral que tiene de todo
menos liberal, está completamente alineado con una vertebración de
la economía dirigista" y seis líneas más abajo que el acuerdo CETA"es uno de los
mayores éxitos de la Unión Europea, un tratado de libre
comercio". Y, para defenderlo, afirma que supondrá un aumento de las
exportaciones de 12.000 millones de euros. Una cifra que nadie sabe de dónde
viene pero que es menos de la mitad (26.000 millones) de lo que afirma Cristina
Serrano que aumentarán gracias al CETA en otro artículo publicado en el Real
Instituto El Cano ( La verdad sobre el CETA: ¿en qué consiste realmente
el acuerdo económico y comercial entre la UE y Canadá?).
José Carlos Díez también
defiende la firma del CETA basándose fundamentalmente en dos grandes argumentos
económicos más concretos ( ¿Por qué debemos apoyar el CETA? Mitos y verdades).
Por un lado, porque en su opinión el CETA ayudará a reducir el desempleo y a
aumentar los salarios y, por otro, porque aumentará el entorno competitivo y
obligará a nuestras empresas a mejorar su eficiencia para no perder cuota de
mercado.
También se ha referido al
CETA y a sus críticos Juan Ramón Rallo pero, en este caso, no hay mucho que
comentar sobre sus argumentos porque, con tal de atacar a quien no piensa como
él, cae sencillamente en la caricaturización más grotesca. Por ejemplo, cuando
da a entender que solo en el capitalismo se da el comercio y que los críticos
del CETA somos " radicalmente anticapitalistas y, por tanto,
anticomercio". ¿Cómo entrar a debatir con alguien que dice
semejante estupidez para descalificar a su adversario ideológico?
Pero ¿que hay de riguroso en
estas críticas? ¿Es cierto que criticar el CETA y oponerse a que se apruebe es
estar contra el libre comercio, que este acuerdo solo tenga ventajas y que la
globalización a la que vienen a apoyar este tipo de tratados es buena de por sí
y hay que dejar que funcione como viene funcionando?
Dejaré este último asunto de
la globalización para un próximo artículo y hoy me centraré en las supuestas
ventajas de acuerdos comerciales como el CETA.
Lo primero que hay que saber
es que, aunque se denominen así, estos acuerdos no son de libre comercio. Así
lo asegura, entre otros muchos reputados economistas, el Premio Nobel de
Economía Joseph Stiglitz cuando, refiriéndose al TTIP, decía que su objetivo no
era fortalecer el libre comercio sino "administrar las relaciones
comerciales y de inversión de sus miembros (…) en representación de los más
poderosos lobbistas de negocios de cada país" ( La farsa del acuerdo comercial del Pacífico).
Lo segundo a tener en cuenta
es que las estimaciones tan optimistas sobre los efectos del acuerdo en el
empleo, el comercio o el crecimiento de las economías no deben tomarse muy en
serio. Ya he señalado que las estimaciones que se manejan son muy
contradictorias y es bien sabido (como reconoció un medio tan poco sospechoso
como The Economist) que los modelos que se utilizan para hacer las estimaciones
con las que se defienden estos tratados son muy discutibles y débiles ( A weighting game).
En tercer lugar, para
analizar los efectos de un acuerdo comercial como el CETA se debe considerar lo
que ha ocurrido en el pasado reciente con otros semejantes y con la filosofía
que inspira el tipo de globalización que comportan.
En este sentido, un articulo
de Binyamin Appelbaum en The New York Times mencionaba algunas evidencias que
se han podido constatar en los últimos años y que si se tuvieran en cuenta
quizá rebajarían el optimismo de los defensores del CETA ( Perils of Globalization When
Factories Close and Towns Struggle). Entre ellas señala las
siguientes:
- Los efectos positivos de
los 17 acuerdos comerciales que ha suscrito Estados Unidos desde el NAFTA han
sido siempre menores de los que se proclamaban cuando se iban a firmar.
- La mayor competencia que
generan estos acuerdos eleva el desempleo y reduce los salarios.
- Tras estos acuerdos
liberalizadores se reducen los ingresos de los trabajadores de menor formación
y, en general, el de los grupos de población más pobres.
- Como dice Stiglitz, aunque
siempre se argumenta que los ganadores con estos acuerdos compensarán a los
perdedores, lo cierto es que eso no se produce nunca.
Finalmente, una amplia
investigación sobre el CETA publicada en septiembre del año pasado llega a
conclusiones muy diferentes de las que sostienen sus defensores a ultranza ( CETA Without Blinders: How Cutting
‘Trade Costs and More’ Will Cause Unemployment, Inequality and Welfare Losses).
Esta investigación parte de
señalar que las estimaciones oficiales sobre el incremento del PIB que generará
el acuerdo (0,08% para Europa y 0,76% en Canadá) no son solamente muy moderadas
sino, sobre todo, nada realistas pues se basan en modelos muy simples (como
señalé antes) y en dos hipótesis inaceptables: que siempre habrá pleno empleo y
que el acuerdo no provocará ningún tipo de efecto sobre la distribución.
Por el contrario, al aplicar
un modelo que contempla hipótesis más cercanas a la realidad, como el de
análisis de política global de las Naciones Unidas, los autores llegan a las
siguientes conclusiones sobre el CETA:
– El acuerdo provocará divergencia
y desequilibrio porque solo mejorará la balanza exterior de Alemania, Francia e
Italia y perjudicará a las demás economías europeas.
– El CETA incrementará el
peso de las rentas del capital en la renta nacional y disminuirá el de los
salarios en Europa y en Canadá.
– El CETA reducirá los
salarios medios: un promedio de 1.776 euros en Canadá en 2023 y entre 316 y
1.331 euros en Europa.
– El CETA disminuirá los
ingresos de los Estados y, por tanto, aumentará los déficits públicos.
– El CETA destruirá 230.000
empleos en Canadá, 200.000 en Europa y 80.000 en el resto del mundo.
– Como consecuencia de que el
CETA debilitará la demanda y creará empleo provocará una pérdida del 0,96% en
el ingreso nacional de Canadá y del 0,49% en la Unión Europea.
La investigación concluye
señalando que el CETA "no solo conducirá a pérdidas económicas, sino
también al aumento del desempleo y la desigualdad, con implicaciones negativas
para la cohesión social" y sus autores señalan finalmente el peligro letal
que conllevan las políticas que inspiran el CETA: "En el contexto actual
de alto desempleo y bajo crecimiento, mejorar la competitividad mediante la
reducción del costo de la mano de obra sólo puede dañar la economía. Si los
responsables de la adopción de políticas adoptaran el CETA y siguieran este
camino, pronto tendrían una única opción para reactivar la demanda ante las
crecientes tensiones sociales: aumentar los préstamos privados, posiblemente
mediante una nueva desregulación financiera, abriendo la puerta a una deuda
insostenible y inestabilidad financiera".
Es evidente, pues, que detrás
de la crítica al CETA hay algo más que "trapicheo político" (Rallo) o
"deriva populista" (Lacalle). Hay análisis económicos muy potentes y
realizados por economistas de gran prestigio y en instituciones bien
reconocidas, y también (aunque no lo he tratado en este artículo) una gran
preocupación por la democracia, al comprobar que este tipo de tratados la
debilitan pues atan las manos de los poderes públicos representativos antes las
multinacionales.
Por supuesto, es en todo caso
legítimo defender el CETA, pero es una miserable impostura intelectual hacer
creer que quienes lo critican son cuatro populistas sin razones, ni fundamento,
enemigos del progreso ¡o incluso del comercio!, como dice Rallo. Hay muchas
razones económicas para estar en contra del CETA y son de mucho peso.
____
Aquí puedes leer el anterior
artículo de Juan Torres de la serie Desvelando mentiras, mitos y medias
verdades económicas: " ¿Es bueno o malo para la economía que haya sindicatos
fuertes?"
Vía: http://www.eldiario.es/zonacritica/CETA-acuerdo-libre-comercio-ventajas_6_658344170.html

No hay comentarios:
Publicar un comentario