5/8/2016
Suso de Toro
"La derecha española no tiene la cultura política de las derechas clásicas liberales o demócrata cristianas europeas sino que procede directamente del franquismo y encarna el descaro de los vencedores de la Guerra Civil"

Suso de Toro
"La derecha española no tiene la cultura política de las derechas clásicas liberales o demócrata cristianas europeas sino que procede directamente del franquismo y encarna el descaro de los vencedores de la Guerra Civil"

De Aznar temíamos aquella megalomanía infantil que era capaz de compatibilizar con la falta de escrúpulos y la codicia de la derecha franquista de toda la vida, la que sabía que el Estado era suyo.
Saqueó el Estado, repartió las empresas públicas directamente entre sus amigos de partido y de pupitre pero, mientras sus ministros daban forma jurídica al saqueo general, él soñaba con las fantasías imperiales de “El Guerrero del Antifaz”. En su imaginación y para la historia se vestía de El Cid. No importa que éste fuese un mercenario ahora al servicio de un rey cristiano y luego de un rey moro, su sueño megalómano era reencarnar el héroe castellano y cristiano, español por excelencia, espejo de virtudes viriles.
Algo tan disparatado solo podía conducir a lo contrario, a poner la soberanía española más aún al servicio de su sueño imperial y a doblar la cabeza al paso de la bandera norteamericana por las calles de Madrid. La pretendida ostentación españolista conducía naturalmente a ser soberbio con los débiles y sumiso con los fuertes, a un españolismo agresivo contra los nacionalismos interiores y a una sumisión absoluta al amo Bush.
Al lado de la imagen infantil, caprichosa y violenta de Aznar, Rajoy parecía un modelo de sensatez, bonhomía y buenos modales. Pero, como suele suceder en la política española, todo es impostura, es absurdo esperar de esta derecha algún sentido moral en su actuación. Adolfo Suárez fue una anomalía muy incómoda para un nuevo sistema políticos que se levantaba sobre la falsa inocencia y el cinismo. La derecha española no tiene la cultura política de las derechas clásicas liberales o demócrata cristianas europeas sino que procede directamente del franquismo y encarna con naturalidad el descaro de los vencedores de la Guerra Civil. Rajoy, siendo completamente distinto de Aznar en su carácter, representa exactamente eso, pero si éste reforzó el discurso belicista y nacionalista del franquismo que ya veníamos arrastrando. Rajoy hizo un daño mucho mayor, asentó el vacío moral y forzó a la sociedad a firmar un contrato de nihilismo.


