29/5/2016
Parte del equipo de Leuko, con Carlos Castro (tercero por la derecha).
Carlos llega a toda prisa, casi entre sudores. Ha dejado hace apenas media hora el madrileño Hospital de La Paz, en donde se encuentra estos días probando el segundo prototipo de un dispositivo que promete salvar miles de vidas de pacientes que se enfrentan a la quimioterapia. “Estamos muy motivados por ver los resultados”, confiesa nervioso por momentos.
Su sistema, Leuko, trata de anticiparse a las posibles infecciones que estas personas pueden contraer cuando quedan inmunosuprimidos por la quimio. “Están expuestos a bacterias que pueden hacer que les hospitalicen, retrasen sus tratamientos y hasta poner en riesgo su supervivencia. Se trata, en definitiva, del mayor efecto secundario para ellos”. La solución que Carlos Castro (León, 1983) halló para conocer el estado de las defensas es recontar la cantidad de glóbulos blancos de cada paciente de manera no invasiva y con resultados inminentes.
Dos hechos se cruzaron en el mismo momento de su vida hace poco más de dos años y pusieron en marcha la maquinaria. Primero, que a su compañero de piso de aquella época le diagnosticaron un linfoma y se encontraba en las primeras fases de la quimioterapia. Segundo, que, fruto de una alianza entre la Comunidad de Madrid y el MIT, hizo varias rotaciones en hospitales madrileños hasta que acabó en el departamento de Oncología del Gregorio Marañón. Allí, una especialista les habló de este grave efecto secundario y él, que acababa de realizar su tesis sobre tratamiento de imágenes biomédicas en la Politécnica de Madrid, acabó por concienciarse.
Su dispositivo, del tamaño aproximado de un pintalabios, toma imágenes de capilares muy superficiales que hay bajo la piel al situarse sobre la uña de cualquier dedo –aunque un estudio recomienda el anular, y así lo ensayan ellos-. Así pueden obtener vídeos de la cantidad de células que pasan por la sangre de estos capilares. Las ventajas de este sistema en comparación con el que se usa ahora son radicales. Actualmente, los pacientes se realizan uno o dos análisis de sangre durante los cerca de veintiún días que transcurren entre una dosis de quimio y otra. Esto obliga a que acudan a los hospitales, donde se exponen a posibles infecciones. Además, pasan varios días hasta que se tienen los resultados. “La mayor parte del tiempo, el oncólogo no sabe si su paciente está inmunosuprimido o no”.





