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25 de abril de 2016

Por qué los medios españoles son los peores de Europa y qué se está haciendo para mejorarlos

16/9/2015
“El gran problema de la prensa española es la verdad” Según el último informe de Reuters Digital News, los medios de comunicación españoles tienen la credibilidad más baja de Europa.

Los españoles desconfían de sus periodistas casi tanto como de sus políticos. La gran mayoría del mercado está en manos de unos diez conglomerados mediáticos. La mayor parte de los dirigentes actuales de los medios proviene de la misma élite burguesa que medró bajo el régimen de Franco.
Lo que queda de las redacciones desmanteladas subsiste con un ejército de autónomos y becarios mal pagados.
La deuda de los conglomerados ha impactado de forma directa en la libertad de prensa, afirma Guillem Martínez, periodista veterano que escribe para El País en Cataluña. “Desde la crisis de 2008, los bancos han cambiado su deuda en los principales medios por acciones”, dice. “Son propietarios y ejercen esa propiedad como en el siglo XIX”. A veces esto lleva a la supresión de noticias. El 8 de enero de este año --recuerda Martínez-- el Banco Santander suspendió la cotización en la bolsa americana. “Esa noticia no apareció en la prensa española”, afirma. Otras veces, los bancos han ejercido su poder en la misma sala de redacción. Martínez recuerda un caso en 2013, cuando un ejecutivo bancario llamó a un editor y le dijo que despidiera a un periodista que estaba tuiteando críticamente sobre el banco. “He trabajado en medios donde me han dicho que no dijera nada malo de una determinada empresa o sobre tal o cual político”, dice Mar Cabra, que ahora trabaja en Madrid para el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). “Se consideraba normal. Algunas empresas o algunos partidos políticos eran tabú debido a la afinidad del medio con ellos o porque eran grandes anunciantes”.
Al contrario que en otros países europeos, muchos ciudadanos españoles ven la televisión pública, la radio y los servicios de noticias como meros portavoces de los gobiernos nacionales y autonómicos. Y la interferencia política no se limita a los canales públicos; también los medios privados reciben fondos de los gobiernos. “Existen motivos claros para sospechar favoritismo en el uso que dan los distintos gobiernos –tanto el nacional como los autonómicos– a la publicidad institucional, o a la concesión de licencias y subvenciones”, afirma David Cabo, de CIVIO, una organización sin ánimo de lucro que lucha por la transparencia y el libre acceso a los datos públicos por parte de los ciudadanos.

                                                                                                                                                        

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