24 mayo 2015
¿Sabías que los mecanismos de resolución de controversias entre inversores y Estados (ISDS) secuestran nuestra democracia al igual que la deuda?
Las antiguas formas de dominación colonial han dado paso en el contexto de las democracias modernas a nuevos mecanismos tecnocráticos de sometimiento de los Estados y sus pueblos por parte de los poderes financieros y corporativos. Si bien la deuda externa es el principal instrumento de sometimiento por medio de los rescates financieros y la imposición de planes de ajuste estructural o de austeridad, otro importante instrumento es el mecanismo de solución de controversias entre inversores y Estados (ISDS, por sus siglas en inglés).
Este mecanismo, normalmente ligado a los tratados bilaterales de inversión o los tratados de libre comercio, como por ejemplo el tratado de comercio e inversiones que la UE trata está negociando con EEUU (TTIP, por sus siglas en inglés), es un sistema que permite a los inversores extranjeros saltarse la jurisprudencia de los Estados receptores y demandar a sus gobiernos ante tribunales privados de dudosa imparcialidad que ni siquiera siguen los estándares legales internacionales.
Unos tribunales que son juez y parte
Los tribunales de inversión están controlados por unos pocos bufetes privados, que habitualmente también trabajan como asesores de las grandes corporaciones, por lo que no son imparciales. Cada tribunal está formados por tres abogados comerciales que no son elegidos ni controlados por ningún organismo independiente y que tienen la potestad para juzgar los actos legislativos, ejecutivos y judiciales de Estados soberanos sin posibilidad de apelación. No garantizan la igualdad ante la ley de las dos partes, ya que sólo las empresas pueden demandar a los Estados y no al revés. Así, por ejemplo, una empresa puede demandar a un Estado por aprobar una ley más restrictiva sobre las emisiones de CO2, pero el Estado no puede demandar a la empresa por daños ambientales.


