Carlos Fresneda - 21/2/2014
Christian Felber no es el típico profesor de Economía. Lo suyo fue la Filología, la Psicología y las Ciencias Sociales, e incluso la danza moderna, antes de sentir la llamada del «bien común» y diseminar en 30 países la semillas de ese «modelo alternativo al capitalismo y al comunismo» que lleva promoviendo desde el 2010 y que ha echado por igual raíces en Austria, Alemania y España (su tierra adoptiva). En una gélida mañana vienesa y sin quitarse la bufanda roja, este austríaco de 41 años critica en un español muy directo el «canibalismo» del actual sistema y propone, ni más ni menos, que trasladar a la economía «los valores que están el corazón de la sociedad y que son incluso reconocidos por nuestras constituciones». Cooperación, confianza, democracia, solidaridad... Esos son a su entender algunos de los pilares de La Economía del Bien Común (Deusto), practicada ya por más de 1.500 empresas que aspiran a devolver el factor humano a la maltrecha economía.
Christian Felber no es el típico profesor de Economía. Lo suyo fue la Filología, la Psicología y las Ciencias Sociales, e incluso la danza moderna, antes de sentir la llamada del «bien común» y diseminar en 30 países la semillas de ese «modelo alternativo al capitalismo y al comunismo» que lleva promoviendo desde el 2010 y que ha echado por igual raíces en Austria, Alemania y España (su tierra adoptiva). En una gélida mañana vienesa y sin quitarse la bufanda roja, este austríaco de 41 años critica en un español muy directo el «canibalismo» del actual sistema y propone, ni más ni menos, que trasladar a la economía «los valores que están el corazón de la sociedad y que son incluso reconocidos por nuestras constituciones». Cooperación, confianza, democracia, solidaridad... Esos son a su entender algunos de los pilares de La Economía del Bien Común (Deusto), practicada ya por más de 1.500 empresas que aspiran a devolver el factor humano a la maltrecha economía.
Pregunta.- El 88% de los alemanes y el 90% de los austríacos desean un «un nuevo orden económico», según una encuesta de la Fundación Bertelsmann. Pensábamos que la crisis no había hecho estragos en Europa central...
respuesta.- El deseo de un cambio en el sistema económico ya venía de antes, y en todo caso la crisis le ha dado un último empujón. Aquí en Austria no tenemos una crisis material tan acusada como la de Grecia o la de España, pero el porcentaje de ciudadanos que desean un giro en el sistema es igual de alto.
P.- ¿Y aspirar a un modelo que supere la dicotomía entre el capitalismo y el comunismo no es acaso un reto demasiado ambicioso? ¿Qué les diría a quienes critican su propuesta de economía del bien común como una utopía?
R.- Me parece una crítica correcta y abrazo incluso la palabra. Utopía, si nos atenemos a su raíz en griego, es un lugar al que aún no hemos llegado. La economía del bien común (EBC) es una visión a medio y largo plazo, que no se puede poner en marcha en tres o cinco años. Al fin y al cabo, lo que proponemos es poner fin a la contradicción actual y reconciliar los medios y los objetivos de la economía con los valores que constituyen el corazón de nuestra sociedad. No podemos hablar de la solidaridad, la dignidad humana o la responsabilidad social en nuestras constituciones y luego fomentar los comportamientos deshonestos, antisociales e irresponsables, que es lo que hemos hecho con la economía. Tenemos que ser congruentes y crear un sistema que incentive las virtudes, y no los vicios.










