La
violación de derechos que es la política de austeridad se basa en embustes.
Falsedades repetidas por medios de comunicación y voceros del poder financiero
siguiendo al nazi Goebbels: una mentira repetida mil veces, al final se
convierte en verdad.
Las dos principales falsedades neoliberales son que la
ciudadanía ha vivido por encima de sus posibilidades y ahora ha de pagar. Y que
la austeridad de los presupuestos públicos es el único modo de salir del
agujero.
Las ciudadanías europeas recurrieron al crédito para
adquirir bienes de consumo. Cierto. Pero no fue un despilfarro, como pretenden.
Lo que sí fue el crédito fue gran negocio para los bancos, aseguró un
crecimiento que aumentaba los beneficios empresariales y contribuyó a
contener los salarios durante decenios, como ha explicado Fernando Luengo.
Comprar una vivienda, cuando apenas había mercado de
alquiler, no es vivir por encima de las posibilidades. Adquirir algunos electrodomésticos
y teléfonos celulares no es vivir por encima de las posibilidades. Viajar en
vacaciones una vez al año no es vivir por encima de las posibilidades… Porque a
eso se reduce lo que ha hecho gran parte de la ciudadanía. Hasta la crisis y ni
siquiera todos.
Pero la minoría privilegiada sí se lanzó a especular,
creando una economía de humo, irreal (hasta lograr que estallara la crisis),
mientras se embarcaba en una orgía de derroche con sus obscenos beneficios,
como indican, por ejemplo, las remuneraciones y planes de pensiones de las
cúpulas dirigentes, así como las tasas de crecimiento del sector de lujo para
el que parece no haber crisis.
Y en Europa, como escribe Juan Torres, “Alemania
colonizaba las economías del sur europeo, adquiriendo activos, convirtiendo
esos países en importadores masivos de sus productos y financiando su
endeudamiento. Teoría e historia económicas nos enseñan que una potencia
exportadora, como Alemania, solo es posible si, al tiempo que exporta,
financia. En el marco cerrado de la economía europea, para que unos tengan
superávit otros han de tener déficit; déficits que financian quienes tienen
excedentes a su costa”.
Pero ahora, Alemania teme que esos países no paguen. De
ahí la exigencia de austeridad. Mal llamada austeridad, porque, como recuerda
también Torres, “solo se recortan los gastos vinculados al bienestar social para abrir la
puerta a su privatización”.
Esa implacable exigencia de austeridad busca que los
Estados tengan fondos para pagar sus deudas, pero sobre todo para que puedan
proporcionar liquidez a los bancos y éstos puedan pagar sus privadas deudas.
Porque la deuda grande es la privada, de empresas y bancos. En realidad, la
crisis es lo dicho por uno de los hombres más ricos del mundo, Warren Buffet: “Claro que hay
lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, la que ha empezado esa
lucha. Y vamos ganando”.
La segunda mentira neoliberal es que la austeridad
impuesta nos hará salir de la crisis. Paul Krugman se pregunta si no hemos
aprendido nada sobre gestión económica en los últimos ochenta años y recuerda
que cualquier universitario que estudie la Economía de Samuelson sabe
que la austeridad, cuando hay riesgo de recesión, es una pésima idea. Reino
Unido, Italia y España, que aplican una austeridad implacable, no se recuperan
y demuestran el fracaso de la austeridad en Europa.
Heiner Flassbeck, economista jefe de Comercio y Desarrollo
de la ONU denuncia que “con las orgías de recortes en toda Europa, estamos
destruyendo nuestro propio mercado. De seguir así, el hundimiento será
descomunal”. Y Christine Lagarde,directora gerente del FMI, afirma
que los europeos van en dirección contraria al camino de final del túnel que
empezó a verse en la primera mitad de 2011.
El FMI ahora rectifica y pide plazos flexibles para la
reducción de déficits, porque no es posible el gran esfuerzo fiscal que se
exige, además de que conduce sin remedio a una recesión profunda (tal vez
depresión) con menos crecimiento, menos consumo, menos inversión y más paro. La
austeridad solo lleva al desastre.
Si la austeridad impuesta con gravísimo perjuicio de
nuestros derechos se basa en mentiras, es ilegitima. No sólo cabe promover el
gran movimiento cívico para no pagar deuda pública alguna cuya legitimidad no
sea clara, sino que habrá que empezar a ejercer la desobediencia civil con los
gobiernos que acepten reducir a la incertidumbre y a la pobreza a millones de
ciudadanas y ciudadanos por el interés de unos pocos.
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