28/2/2016
Así que tenemos un grupo de intelectuales
cuya característica principal es la desfachatez. ¿Forman una generación?
Entrevista a Ignacio Sánchez-Cuenca
No estoy seguro. Lo que
les une es la impunidad de sus opiniones y la mala conciencia por el rumbo
ideológico que han adoptado. Cualquier cosa que huela a progresismo muchos de
ellos lo ven como parte de sus ideas pasadas y en definitiva como algo que hay que
superar; por eso tienen una actitud intransigente hacia quienes no siguen la
misma trayectoria que ellos. Esa evolución hacia posiciones cada vez más
conservadoras, cuando no reaccionarias, se debe a una especie de epifanía que
tuvieron con el terrorismo y el nacionalismo en los años noventa. Llegaron a la
conclusión de que la izquierda había estado ciega y que tenía responsabilidad
tanto en los asesinatos que cometía ETA como en las tensiones centrifugas del
país. A partir de ahí empiezan a ajustar cuentas con lo que han sido y
representado, pasando a adoptar posiciones cada vez más dogmáticas, carentes de
fundamento y de respaldo empírico.
¿La desfachatez, de qué se alimenta?
Fundamentalmente de la
impunidad: de la expectativa de que, digas lo que digas, no te va a pasar nada,
porque tu periódico y tu editorial no te van a dejar de lado. Eres un autor del
grupo, ya sea mediático o editorial, y de ahí no te mueven. La impunidad está
instalada en nuestra esfera pública: existe algo que podríamos llamar cultura
de “amiguetes”. Algo parecido al capitalismo de amiguetes. Hay además una
cierta colusión, se protegen y se jalean entre sí. Desde hace tiempo, en
nuestro país se detecta una fuerte demanda para acabar con el capitalismo de
amiguetes; algo similar, creo yo, debería suceder con la cultura de amiguetes.
¿Cómo están viviendo las estrellas la
transición del mercado de la información?
Yo creo que no son del
todo conscientes del cambio que ha tenido lugar. No se dan cuenta de que su
estilo de intervención en la esfera pública se ha quedado caduco. No pueden
seguir opinando con tanta frivolidad ahora que hay tanta gente tratando de
aumentar el rigor de nuestro debate político. Por supuesto, los figurones
siguen teniendo gran presencia mediática y el favor del establishment... Pero eso, en esta época, me temo, es poca
cosa.
¿Estamos ante el ocaso de ese tipo de
opinador?
Mi impresión es que,
precisamente porque en la crisis han tenido más bien poco que decir, su
reputación se ha resentido. Hoy hay muchísima gente escribiendo en blogs y
plataformas digitales que aporta información y opinión mucho más elaborada que
la de los figurones clásicos. Poco a poco estos jóvenes tienen que ir
desplazando al intelectual caduco que opina sobre todo sin demasiado rigor.
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Ignacio Sánchez-Cuenca
es consejero editorial y colaborador habitual de CTXT.
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