19/2/2016
Son horas decisivas para la Unión Europea. Quizás no seamos
lo suficientemente conscientes porque el escenario no parece a primera vista
tan dramático como cuando ocurrió la crisis griega, pero la realidad es que en
estos días y semanas se ha venido juntado un conjunto de problemas que ha
colocado la señal de peligro a la vista de todos.
Hasta The Economist ha descubierto ahora que todo es una
cuestión política, no estrictamente económica, y que los políticos siempre han
tenido varias opciones en su mano. Resulta que después de tanta austeridad como
única salida, sí existen otras alternativas. Cosas de las que estaba casi
prohibido hablar, de repente aparecen en los editoriales de los diarios más
conservadores: la deuda soberana es demasiado alta, hay que lanzar un plan
europeo de grandes inversiones públicas (dándole a la maquinita del euro), ha
llegado el momento de subir los salarios....
Los
responsables de este nuevo ataque a la estabilidad del sistema ya no somos solo
los PIGS, los países del Sur, corruptos y descuidados con nuestras finanzas,
sino la banca alemana y su gran joya, el Deutsche Bank, “too big to fail”.
Europa nunca se rompió por los extremos, sino por el centro, y es en
Centroeuropa donde ya no está casi nada claro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario