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29 de febrero de 2016

Las muertes por amianto siguen creciendo en España trece años después de su prohibición

24/8/ 2015

En España ha habido varias sentencias favorables a las víctimas, pero no ha tenido lugar un gran proceso aglutinador como en otros países.

Algunos estudios estiman que en España seguirá habiendo muertes por amianto hasta 2040, aunque el material fue prohibido en 2002.

Eusebio Pabola Aguirre falleció a los 72 años cuando apenas nacía el mes de febrero. En su esquela aparecida en la prensa se puede leer “víctima del amianto”. La muerte blanca sigue esparciendo su sello entre trabajadores, familiares, o habitantes cercanos a las fábricas en las que se utilizaba o se producía este aislante, cuya prohibición en España se produjo hace ya 13 años.
Amianto, asbesto, uralita... Polvo blanco que inundó el mundo en el siglo XX y que no fue prohibido hasta finales casi principios del siguiente en los países occidentales. Su huella queda de recuerdo en muchas construcciones antiguas, con jardineras o tejados fabricados con este aislante y cuyo polvo puede causar enfermedades como el mesotelioma, un tipo de cáncer raro ligado casi exclusivamente a la exposición al asbesto.
“Vamos a fallecido por semana”, se lamenta a ZoomNews Patxi Kortazar, de la asociación ASVIAMIE de afectados por el amianto en el País Vasco, en la que era compañero de Pabola. Kortázar, 61, trabajaba en una fundición y por su contacto con el amianto se vio afectado por esta enfermedad a los 49.
Kortazar dice que su vida hoy en día se reduce a “doce horas cargando la pila, para poder vivir el resto”, debido al cansancio que le produce esta enfermedad. Este afectado por el amianto no lo ha tenido fácil. En 2003 se hizo unas pruebas en la que le detectaron el problema, sin embargo, explica que su mutua escondió el informe hasta que empeoró en 2006. Kortazar se ha enfrentado durante muchos años a un proceso judicial para que se le reconociese su enfermedad profesional. “Tú tienes que demostrar donde has cogido la enfermedad”, explica Kortazar, que denuncia que muy pocos casos consiguen reconocimiento.

23 de febrero de 2016

¿Los medicamentos pueden matar? El caso del paracetamol, ibuprofeno o la aspirina

23/2/2016

Un lector amigo, Cayetano Gutiérrez, que es Catedrático de Física y Química y divulgador científico, ha escrito un buen post titulado La gran paradoja ¿pueden matar los medicamentos? Se basa en libros escritos por médicos como Ben GoldacreAllen Frances o Peter C. Gøtzsche en los últimos años sobre las prácticas poco éticas de las farmacéuticas, para poner el foco sobre los daños provocados por los tratamientos.
En ese post también se recoge la opinión de Joan-Ramon Laporte, catedrático de Farmacología, Jefe del Servicio de Farmacología en Valle Hebrón y Director del Institut Català de Farmacología, según el cual:
el medicamento que más ha matado es la aspirina, porque es el que más gente ha tomado y la percepción de su riesgo está distorsionada. A dosis bajas (100 mg/día) es un excelente protector cardiovascular, pero a dosis analgésicas (1 g/día) puede producir hemorragia gastrointestinal.
De hecho, en Catalunya se producen unos 3.000 casos anuales de hemorragia gastrointestinal, de los que un 40% son atribuibles a la aspirina y a otros antiinflamatorios. En EE.UU. mueren al año, por hemorragia gastrointestinal por antiinflamatorio, unas 15.000 personas, mientras que de Sida mueren 12.000″.
La pregunta ¿los medicamentos pueden matar? es pues retórica pues todos sabemos que los fármacos conllevan en casi todos los casos reacciones adversas que pueden ser más o menos graves. Y esos posibles daños aparecen más cuanto mayor es el tiempo de uso. Esto es de sentido común.
Como también lo es que los medicamentos que llevan menos tiempo en el mercado, los más nuevos (que son además los más caros al estar protegidos por patente) son los más peligrosos pues su seguridad no ha sido comprobada en millones y millones de personas y durante el suficiente tiempo.Paracetamol medicamento hígado daño hepático reacciones adversas
Gutiérrez utiliza el ejemplo del fármaco más usado del mundo. El paracetamol empezó a comercializarse en 1955 y en sólo unos años se convirtió en uno de los analgésicos más populares.
Hoy en día es el medicamento genérico más vendido en todo el planeta y está presente como principal principio activo en fármacos tan populares como el Efferalgan o el Gelocatilsegundo y tercer puesto en la lista de ventas de medicamentos de nuestro país.
Un estudio publicado en 2015 en la revista Annals of the Rheumatic Diseases indica que los pacientes que toman el analgésico de manera rutinaria tienen un 63% más posibilidades de morir inesperadamente, un 68% más posibilidades de padecer un infarto o un ictus y hasta un 50% más posibilidades de tener una úlcera o sangrado estomacal.

21 de febrero de 2016

La politóloga Susan George desgrana en Plan B siete razones para "odiar" el TTIP

20/2/2016
La presidenta de honor de ATTAC cree que cualquier ciudadano tiene al menos un motivo para oponerse al polémico acuerdo, al que insiste en comparar con un vampiro
Lola Sánchez, de Podemos, critica a Pablo Iglesias por no hacer explícito el rechazo de la formación al acuerdo de libre comercio entre la UE y EEUU
"No hay nada bueno en el TTIP y todo ciudadano puede encontrar una razón al menos para odiarlo". Con esta contundencia contra el polémico acuerdo de libre comercio que negocian la UE y Estados Unidos se ha expresado este sábado la politóloga y analista francoamericana Susan George durante su participación en un taller de debate sobre la Nueva Generación de Acuerdos comerciales en el marco del Plan B en el Matadero de Madrid.
George ha insistido en comparar el TTIP con "un vampiro" y ha instado a los asistentes a exponerlo a la luz y convertirse en "cazadores de Dráculas" para "acabar con él" y conseguir "un futuro democrático y estable". "Hay tantas cosas en nuestra vida diaria que van a cambiar si el TTIP se aprueba que vamos a arrepentirnos si no estamos activos", ha dicho la presidenta de honor de la  Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras y por la Acción Ciudadana (ATTAC), que ha desgranado una lista de consecuencias que tendría su aprobación.
1. "Vamos a perder a muchos de nuestros agricultores, un tercio, sobre todo los pequeños que hacen alimentos orgánicos, biológicos, ganaderos"... Los pequeños agricultores europeos "no van a poder competir" con los estadounidenses si se eliminan los aranceles o se reducen drásticamente, como pide EEUU.
2. "La salud pública se va a deteriorar en gran medida". Según George, el acceso "va a ser más difícil y más caro" porque las empresas farmacéuticas "han sido muy activas en su labor de lobby y van a a acabar con los genéricos", copias de los originales mucho más baratas. Estas empresas han presionado "para que pasen por los mismos exámenes que ya superaron hace 15 años y será mucho más caro para los productores" ponerlos en el mercado. Además, "se va a aumentar el consumo de alcohol y tabaco" porque cualquier medida para reducirlo "va a ser eliminada" por los tribunales de arbitraje que prevé el TTIP, conocidos como ISDS.

20 de febrero de 2016

'To Kyma', la historia de una ONG que ya ha salvado 18.000 vidas en Lesbos

20/2/2016

Desgarrador documento a la vez que heroico de los socorristas españoles en Lesbos.

Es digno de llevar a Bruselas y sacarles las vergüenzas a todos los políticos en la próxima sesión, para ver si de una vez por todas se hace algo desde las instituciones de los diferentes países de la unión.  

Es cuestión de dignidad humana, aunque viendo el tiempo que están tardando en tomar decisiones, humanidad tienen poca todos los políticos (todos), porque es inadmisible que desde las primeras denuncias sobre este problema humanitario, apenas se hayan reubicado a unos cuantos miles de los millones de desplazados que hay viviendo en situaciones infrahumanas. 




14 de febrero de 2016

Un expolio que no tiene nombre

13/2/2016

La privatización de Endesa ha acabado en un fracaso rotundo del que los grandes partidos y medios no hablan

Imagínese que una empresa, pongamos que italiana, compra el Palacio Real en Madrid. Luego se lleva todos los cuadros, muebles y demás tesoros a un museo en Roma e invierte lo justo en mantener el edificio para seguir cobrando la entrada a los turistas que hacen la obligada visita al monumento. Todo esto ante el silencio absoluto del gobierno, el principal partido de la oposición y los grandes medios.
Vale, es una parábola un poco exagerada. Pero es en cierto sentido lo que ha ocurrido con Endesa, la antaño mayor empresa pública, la joya de la corona junto con Telefónica. Tras su privatización a finales del siglo pasado, la principal eléctrica del país acabó en manos de la italiana Enel, irónicamente de participación pública. La matriz se llevó todo el negocio de América Latina y buena parte de la tesorería de Endesa. En noviembre pasado, la empresa decidió que se dedicará al dividendo la totalidad del beneficio neto anual hasta 2019, que superará las inversiones, según las previsiones.
Endesa ha capeado mejor que la mayoría de las grandes empresas del Ibex-35 la tormenta que azotó a las bolsas en las primeras semanas del año. La eléctrica es lo que los inversores consideran un “puerto seguro” en la tempestad. “Ahora estamos recomendando una idea nicho: compañías que tengan prácticas monopolísticas y pricing power”, comenta Anna Garofano, analista de Diverinvest EAFI, en una entrevista con invertia.com en la que pone como ejemplo a Endesa.
Estas prácticas monopolísticas y la capacidad de subir precios sin que se resienta la demanda son obviamente muy interesantes para los inversores, pero el resultado lo pagan los consumidores. Los precios de la luz en España están entre los más altos de Europa, mientras el Estado todavía tiene que digerir el astronómico “déficit tarifario”, acumulado a lo largo de los años para compensar a las eléctricas, ya que éstas argumentaban que los precios al consumidor regulados no cubrían los costes. Mientras, millones de personas han sufrido cortes de luz porque ya no podían pagar el recibo.

2 de febrero de 2016

Aylán ya no les hace llorar

1/2/2016 - Javier Gallego
Europa será la tumba de los refugiados. Los gobiernos europeos han decidido que así sea, que sea la tumba y el campo de concentración, de humillación y de congelación.
No podemos hacer como aquellos bañistas italianos que seguían tomando el sol aunque las olas habían dejado un cadáver en la orilla. Hay que movilizarse para apoyar a los que se movilizan para salvar vidas.
“Javier

Europa será la tumba de los refugiados. Los gobiernos europeos han decidido que así sea, que sea la tumba y el campo de concentración, de humillación y de congelación. Hace 10 días una madre de 35 y su hijo de sólo 5 años, murieron de frío cerca de Lesbos. Este fin de semana se ahogaron otros 39 refugiados, 10 de ellos niños, en un nuevo naufragio en las costas de Turquía. Las imágenes de sus cuerpos sin vida en la orilla se repiten cada semana, incesantes, como un goteo de sangre. Están dejando que se desangren. No sólo no cuentan sino que su muerte les descuenta problemas. Cada cadáver es un refugiado menos del que preocuparse. Cada niño muerto, una boca menos que alimentar. Aylán ya no les hace llorar.
Muy pronto han olvidado los líderes europeos sus lágrimas de cocodrilo por el niño sirio que apareció ahogado como un muñeco de trapo en las costas de Europa. Muy pronto, sus promesas de ayuda que no fueron más que una foto para calmar la alarma social. Nosotros nos lo tragamos con la misma facilidad con la que el mar se traga a los refugiados. No sólo lo han olvidado y han decidido que no van a hacer nada por evitarlo, es peor: han empezado a perseguir también a los ciudadanos, los voluntarios y las organizaciones que tratan de ayudar a los náufragos, a los que la Unión Europea estudia acusar de complicidad con las mafias. Europa quiere cargar con la culpa a quienes les quitan el muerto de encima.
Pero es lo que no quieren. Los quieren muertos para no tener que preocuparse y no quieren que la ayuda de la gente les ponga en evidencia. Que pongan en evidencia que 309 personas han perdido su vida en el mar sólo en enero y 3700 se ahogaron en 2015. Mueren como chinches, que es lo que son para Europa, un problema que pica y escuece. Me cuesta mucho utilizar ciertas palabras a la ligera, pero no se puede negar lo que es: es un genocidio por el deber de omisión de socorro. No es sólo una inmoralidad, es también una ilegalidad. Si además persiguen a quienes dan auxilio, habría que llamarlo, ya sin cortarse, genocidio activo.