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21 de agosto de 2013

¿Es el maquinista el único responsable del accidente?

21/8/2013

La confesión del maquinista no dejo lugar a dudas en su declaración,  él se siente y se hace responsable y culpable del accidente.

Debe ser muy duro vivir con esa losa el resto de tu vida. Cometió un grave error con el tren Alvia en Santiago el 24 de julio y él mismo se lo va a estar reprochando siempre, no me cabe la más mínima duda. La condena ya es muy dura sin todavía estar juzgado.
Él ya se ha culpado, pero, ¿faltan responsables? Porque ahora, que han pasado semanas y empiezan a esclarecerse los hechos, habrá que preguntarse si realmente fue sólo culpa del maquinista.

Ahora, después de haber oído diferentes voces que algo saben del tema, ahora resulta que nos enteramos de que el tramo de vía del lugar del siniestro no es de Alta Velocidad. Es de Velocidad Alta, que según todos los interesados que hablan no es lo mismo. Es una vía mixta. 
Ahora, después de que ha habido 79 víctimas, es ahora cuando Adif se plantea reducir la velocidad y poner balizas en el tramo del siniestro. 
Ahora,  después de lo ocurrido, Fomento asume que tres balizas habrían evitado el accidente del Alvia.
Es demoníaco que sea ahora y que todas estas posibles soluciones al problema no las hayan tomado antes, pero la verdad es que no me extraña nada, porque en este país, además de no aprender de los errores y no dar la cara cuando es necesario, vamos a remolque de los acontecimientos.

El maquinista ha admitido su culpa y el error de que se confundió de tramo y de una velocidad excesiva, y por lo tanto, sabemos que es un presunto culpable. Y ¿ahora qué? ¿Es el único responsable?

Hay pendientes unos contratos millonarios con varios países en el mundo por nuestro tren. Si tanto les preocupa el negocio, deberían de haber salido a dar una rueda de prensa conjunta y en su momento; Renfe y Adif junto con la responsable de Fomento, y no porque sea del PP, sino por sentido común. Tampoco vale excusarse en no querer hablar hasta que no se tengan los datos. ¿Qué datos? Si todavía están saliendo datos del accidente del Metro de Valencia, el Yack 42, y el avión de Spanair. Los datos me faltan a mí y a cualquier ciudadano de a pie, ¿pero a ellos les faltan datos varios días después de lo ocurrido? 
No quiero decir que haya que apresurarse en situaciones tan complejas a dar titulares, no, los datos en estos casos deben ser muy rigurosos, pero tampoco les cuesta tanto tener una aproximación veraz de lo ocurrido. Otra cosa distinta es, que conociendo los datos se quieran maquillar para mitigar el impacto en la sociedad.

En Situaciones extremas y sin disponer de todos los datos hay que dar la cara, por varias razones. 
Primero, en este caso, por tranquilizar a todas las personas que a diario usan el tren en nuestro país, y segundo, y pensando en su negocio, por tranquilizar también a los posibles compradores del mismo.

El tren es seguro, eso no lo vamos a discutir ahora después de 20 años de buen funcionamiento y sin accidentes, pero los accidentes por desgracia ocurren. Prueba de ello es que los ha habido en la historia del ferrocarril español. El más grande y del que nunca se supo la verdad ocurrió en tiempos franquistas, el 3 de enero de 1944. El número oficial de víctimas mortales ascendió a 78 según la autoridad judicial, pero siempre se ha sospechado que el Régimen Franquista pudo ocultar la magnitud real del accidente. Documentos posteriores elevaron la cifra a 200 fallecidos, pero hay indicios y estudios que arrojan un saldo de hasta 500 u 800 muertos. La censura del régimen franquista silenció el grave accidente que causó centenares de muertos, aunque la cifra oficial facilitada poco después por Renfe fue de 78 muertos y 75 heridos.
No obstante, hasta 1972 el registro de sucesos ferroviarios lo consideró como el más grave del mundo y cifró entre 500 y 800 el número de personas muertas.

Me da la impresión, que detrás del accidente y por doloroso que sea, prima más el negocio de las empresas, por desgracia. Esto no es extraño. Estas empresas no van a permitir, bajo ningún concepto, que un simple maquinista les tire abajo sus planes de futuro, sus negocios millonarios, ya se preocuparan ellos que así sea. Harán lo posible por echar toda  la culpa al humano y lavarse las manos con sosa caustica para que no haya la más mínima duda que no tienen nada que ver. Dirán, como así están diciendo algunos, que la culpa no es de seguridad y que el accidente no se ha producido en una línea de Alta Velocidad.

El Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) ha dicho por su boca, que el descarrilamiento del tren Alvia Madrid-Ferrol a su entrada a la estación de Santiago de Compostela, es el primer accidente con muertos ocurrido en España en una línea de Alta Velocidad. ¿Nos aclaramos por favor? ¿Es o no es de Alta Velocidad?

Según el presidente del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, José Antonio Santamera, afirmo en diariocritico.com, que "casi descarta el fallo humano" como causa del trágico accidente porque el sistema de seguridad "se hubiera puesto en marcha".

¿En qué quedamos entonces? Además del factor humano, si el tren iba equipado con el suficiente sistema de seguridad, ¿por qué no actúo?

El accidente, sin duda alguna, ha sido en primer lugar un fallo humano, pero hay una cosa de la que no se quiere hablar mucho. El fallo humano se podría haber subsanado con la ayuda de la tecnología y con las balizas que al parecer faltaban en el tramo de vía del accidente. El sistema ERTMS, el más avanzado y que usan los AVE, estaba desconectado en el Alvia siniestrado por problemas técnicos en ese tramo. Esto no creo que fuera por decisión del maquinista. 

Cuando ahora,  el juez ve imprudencia punible de Adif en el accidente del tren de Santiago, y señala que los sistemas de seguridad en la curva de Angrois eran "insuficientes" ante posibles errores, por algo será. 
No se entiende entonces, que un tren que cuesta millones de euros y presume de una altísima tecnología, si no le funciona el sistema de seguridad la culpa sea sólo del maquinista.

Ahora, que nos hemos leído casi todo sobre trenes, resulta, que, ni el tren era un AVE ni la vía era de AVE. No entiendo nada, o si, porque leyendo, uno se entera de cosas que no son simplemente los titulares. La supuesta línea actual de “Alta Velocidad” es un “collage” con retazos de la antigua línea convencional y otra de nueva planta. "Es una auténtica chapuza”, pero las ganas de inaugurar obras, cortar cintas y salir en las fotos es consustancial a la democracia corrupta que padecemos. http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article55596

Vi en una entrevista al director de ADIF, y tengo que decir una cosa; no había visto una persona tan prepotente en muchos años. Me pareció un ser superior venido de otro planeta. Sí, de esos que pensábamos que ya no quedaban en nuestro entorno y que son los únicos que poseen la verdad absoluta. Arrogante, mucho, y bastante mal educado también. Explicaciones a preguntas concretas no dió, las evadió con mala leche y eludiendo responsabilidades, lo cual, me hace pensar, que él mismo sabe que algo -además del maquinista- no funciono como debiera. Sobre todo, la seguridad del propio tren. De hecho, Adif, que enseguida culpabilizó al maquinista, se ha apresurado a instalar nuevas balizas en el fatídico tramo. 

No se puede hablar de política en un accidente como este, aunque quizás algo tiene que ver. Las prisas en vísperas de elecciones por inaugurar cosas para hacerse fotos para el recuerdo, a veces, juegan malas pasadas después. 
No quiero quitar tampoco el trabajo a los empleados de Renfe ni de Adif, 18.000 personas viven de estas dos empresas, pero comparados con los autónomos y pequeñas empresas que hay en todo el territorio, es una pequeña parte del trabajo productivo del país -por muy grande que sea la explotación-; como pequeño es el número de gente que controla estos grandes negocios, estas grandes empresas.  
Para ellos, colocar kilómetros y kilómetros de vía les resulta muy rentable, aunque muchos tramos de ella sean innecesarios y se tengan que ver en la necesidad de cerrar estaciones por el poco tránsito de pasajeros poco después de haberlas inaugurado. 
Esto mismo ha ocurrido con algunas autopistas y aeropuertos. 

El accidente ya es inevitable y pasará a formar parte de nuestra historia, pero quizás habría que haberse preguntado hace mucho tiempo: ¿Son necesarios tantos kilómetros de vías de alta velocidad en distancias tan cortas como se han hecho? La respuesta, para quienes manejan todos estos megaproyectos es muy sencilla. Para ellos sí, porque les reportan unos grandes beneficios, aunque el país se quede endeudado hasta las cejas con sus empresas. Ellos cobran igual. Que después de hechos los negocios funcionen o no, ese ya no es su problema. Su problema, y mucho más su negocio, es convencer a los políticos de turno de que hay que hacer todas estas infraestructuras para tener una buena imagen fuera. 

No me gusta nada cuando pasados varios días se vuelven a ver las imágenes de ciertos accidentes y el dolor de las familias. A la prensa les da igual, saben que el morbo vende y no tienen escrúpulos en mostrar una y otra vez la desgracia. Creo que debería haber un límite para mostrar según qué imágenes, puesto que la ética, en buena parte de la prensa no existe. 

El maquinista se ha culpado él solo, y al menos ha tenido las narices de no ocultar la verdad. Una confesión de esta naturaleza es hoy completamente contraria a esa suma de malabarismos que todos los días proporcionan individuos públicos y partidos políticos envueltos en cientos de casos de corrupción. Nadie confiesa nada, nadie sabe nada, nadie ha hecho nada. Pero el maquinista, Francisco José Garzón Amo, no se ha refugiado en la búsqueda de una escapatoria cobarde y se ha culpado el primero. Me merece todo mi respeto por asumir su error y declararlo. Para mí, y aunque no le conozca, no será nunca una mala persona por lo que ha dejado en el camino porque ninguno estamos exentos de un error así. Más nos vale que no nos tengamos que ver nunca en una situación similar. 

Lo que sí me parece una temeridad de todo este fatídico accidente, es que se tengan que tomar medidas después de que pasan las cosas y no antes para evitarlas. 

Insisto y les pregunto a quienes tienen altos cargos en estas empresas, así como a los ministerios que correspondan por parte del gobierno -este y los anteriores-, si es que algo tienen que ver. Porque infraestructuras como estas no se hacen en una legislatura, esto pasa por muchas manos antes de adjudicar las obras.


Luis Escamilla

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