29 julio, 2013
Contento, muy contento. Así estoy por la decisión que ha tomado la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) tras la polémica surgida a raíz del post “El menú químico de la OCU y sus 10 afirmaciones extraordinarias” publicado en este blog el pasado 12 de Julio.
En aquella entrada les conté que, aunque a veces estoy cansado de escribir sobre la quimiofobia, no podemos quedarnos de brazos cruzados cuando observamos como hay empresas u organizaciones que crean un pánico injustificado en el campo de la seguridad alimentaria… y en este caso a la OCU se le fue la mano alarmando a la sociedad, sin ningún rigor científico, sobre el empleo de aditivos en alimentación.
Por esta razón denuncié lo que consideré una información tendenciosa y alarmista y solicité a la OCU que retirase dicha información de web, rogando que la sustituyeran por otra con más rigor científico.
Pues bien, pocos días después del revuelo originado la Organización de Consumidores y Usuarios ha rectificado variando sustancialmente su información sobre los aditivos alimentarios. Las principales modificaciones efectuadas son las siguientes:
1) Menú químico.
El “menú químico infantil” que constaba de ¡hasta 27 aditivos diferentes! (con negrilla y entre admiraciones) ha sido eliminado. No queda ni rastro de él en la web.
2) Acceso a la información sobre aditivos.
Hasta hace unos días gran parte de la información acerca de aditivos alimentarios que existía en la web de la OCU solamente era accesible a los socios de la organización. Actualmente todos los ciudadanos tienen acceso a los apartados “Descifrando los aditivos” y “La Calculadora”. Eso sí, sigo sin entender como en este apartado seguimos encontrando algunos calificados como “engañosos”.
3) Grupos de población sensibles a los aditivos.
Ésta era una de mis principales reclamaciones. Según lo que se podía leer hace unas semanas en la web de la OCU prácticamente todos los grupos de población (niños, menores, adolescentes, personas mayores, embarazadas, asmáticos, etc.) podían desarrollar extrañas reacciones si consumían aditivos. La OCU ha creído conveniente eliminar muchas de aquellas afirmaciones y corregir significativamente el resto. Se podrían puntualizar algunas cosas sobre dichas correcciones pero pienso que lo más importante, el tono alarmista inicial, ha sido reducido prácticamente a cero.
4) Clasificación de aditivos.
La OCU ha modificado sustancialmente los apartados referidos a los aditivos imprescindibles, minimizables e innecesarios. Aunque no estoy totalmente de acuerdo con ese tipo de clasificación, debo reconocer que en la versión actual la información es mucho más precisa, huyendo de las generalidades existentes en el texto anterior y aportando datos mucho más concretos.
Estimados lectores, a estas alturas creo que el mensaje que desde este blog quiero lanzar acerca de los aditivos alimentarios está claro… pero no me cansaré de repetirlo.
Para que los aditivos puedan ser empleados por la industria alimentaria deben haber pasado unos controles sanitarios, físicos y químicos muy rigurosos.
Además, sin el visto bueno de las autoridades competentes jamás podrán ser usados para la elaboración de alimentos en las dosis establecidas.
En el caso de que el consumo de algún tipo de aditivos pudiera no estar recomendado para un grupo especial de población, claramente irá señalizado en el etiquetado.
Cuando se detecta algún problema con el uso de algún aditivo (lo que no significa que por haberlo consumido nos vaya a pasar nada) están claramente establecidos los procedimientos de actuación.
Finalmente, cualquier mensaje publicitario basado en que los productos que no contienen aditivos son, por norma, más saludables y nutricionales que los que los presentan es un engaño al consumidor.
Por favor, no confundamos ni alarmemos a la población.
Sin embargo, y a pesar de todo lo expuesto, me gustaría dejar una cosa clara.
¿Supone lo que les he contado hasta ahora una derrota de la OCU? No, todo lo contrario. Si cuando L’Oréal eliminó el famoso anuncio de la “proteína arginina”o cuando Hero modificó el surrealista “Sin Porquerías” aplaudí ambas decisiones, esta vez no va a ser menos. Mientras que hay empresas y organizaciones que se empecinan en seguir confundiendo al consumidor con mensajes sin ningún rigor científico, hay otras, como las dos multinacionales citadas y la OCU, que no tienen ningún reparo en rectificar sus primeras decisiones… y eso es digno de aplaudir.
Concluyo, pero no sin antes exponerles la principal conclusión que extraigo de todo lo acontecido. Estoy plenamente convencido de que la divulgación científica está desempeñando un papel fundamental en la sociedad y no debe ser ninguneada. Tras lo ocurrido en los casos de L’Oréal, Hero y la OCU pienso que el poder de la divulgación es mayor del que algunos creen. Cada vez son más los blogs científicos desde los que se denuncia el mal uso que de la ciencia se hace desde algunos sectores y, aunque no siempre se logra el objetivo deseado, no se puede desfallecer. La labor de vigilancia que realizan estas bitácoras, junto con la gran difusión que ustedes, queridos lectores, hacen de las denuncias realizadas, está teniendo sus frutos. La guerra contra la quimiofobia, el marketing pseudocientífico y las pseudociencias es dura, complicada y puede llegar a ser larga y llena de sinsabores… pero a base de ganar pequeñas batallas como las que hoy les he descrito creo sinceramente que es posible que el resultado final de la guerra caiga del lado de la ciencia. Muchísimas gracias a todos por vuestro apoyo.
Son ustedes muy grandes.
Jose
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