La moda de los debates ha supuesto una repesca profesional importante de viejas glorias de la ultraderecha mediática. El espectador de ideología contraria se indigna o se divierte al ver a esos especimenes de infinita mediocridad intelectual además. Y ahí queda todo. A llevarlos a los TRENDING TOPICS de Twitter.
Rosa María Artal - 26/6/2013
A estas alturas de la historia, quienes piensan que la situación que vivimos hoy es culpa de Zapatero ascienden al 33% de los encuestados, según datos de Metroscopia. Los que creen que Rajoy, el 24%. El 37% estima se debe a PP y PSOE por igual. Los recortes de Zapatero aquel inolvidable Mayo de 2010 ascendieron a 15.000 millones de €. Así lo contaban los medios en tónica muy similar: notablemente crítica. Los de Rajoy a 65.000, en 2012. El tratamiento periodístico fuemucho más comprensivo y benevolente, sobre todo en quienes mayor acidez vertieron hacia su antecesor. El inicial bocado al Estado del Bienestar practicado por el presidente socialista se ha convertido en una auténtica merienda, comida y cena de azules en manos de Rajoy contra los pilares fundamentales de los servicios públicos. Constatable. Y todavía hay que sumar lo que ha seguido en 2013 y lo que queda por venir dado que el FMI y la UE coinciden en pedir más podas.
Lo peor es el diseño de país que, nos dicen, aspira a una presunta recuperación sin ningún proyecto innovador de crecimiento –ni uno solo- salvo el regresivo: devaluar a los ciudadanos. Esos grandes “logros” de retrasar el objetivo de déficit –inexorable compromiso al que nos comprometieron constitucionalmente tanto Zapatero como Rajoy- tienen muy graves contrapartidas. El hueco “pacto ante Europa” no va a remediar nada sustancial.
¿Nos lo cuentan los grandes medios en toda su profundidad, con sus claves y relacionando datos? ¿Tenemos una opinión pública informada y formada?
Tratamos de explicarnos cada día el silencio de una ciudadanía masacrada a recortes y arbitrariedades, engañada y coaccionada. Una sociedad que siente –inmóvil- su empobrecimiento paulatino mientras contempla los saqueos a las arcas públicas en corrupciones a todos los niveles, jurídicamente todavía “presuntas” aunque se puedan cortar en su solidez. O en sobresueldos de políticos que no tienen suficiente con su salario también costeado por nosotros. Salvo meritorios esfuerzos de distintos colectivos e individualidades, el resto se contenta con despotricar en la escalera, el bar, las redes sociales… o ante un televisor.


