Tom C. Avendaño – 29/4/2013
El desplome de Wall Street por un tuit sobre un
falso atentado a Obama evidencia la vulnerabilidad del sistema.
La toma de decisiones poo robots y la falta de
escepticismo elevan la inseguridad.
El martes pasado fue un día relativamente normal en Estados Unidos hasta las 13.07, y lo siguió siendo un cuarto de hora después. Lo que pasó entremedias, durante 360 inexplicables segundos, tiene pocos precedentes en la historia de la primera potencia mundial. A las 13.07, hora estadounidense, la agencia de información Associated Press anunció en su cuenta de Twitter: “Última hora: dos explosiones en la Casa Blanca y el presidente Obama está herido”. Eran solo 12 palabras, pero ninguna invitaba a la calma. A las 13.08, la Bolsa de Nueva York reaccionó con pánico y de forma instantánea a la noticia, debido al peso que tienen las operaciones realizadas por ordenadores en Wall Street. Los autómatas, que ya realizan el 50% de las operaciones en el parqué neoyorquino, usan programas algorítmicos que solo se atienen a series estadísticas y datos. No tienen capacidad para verificar las informaciones. El Dow Jones, el índice bursátil más importante del mundo, llegó a desplomarse un 1% en cuestión de segundos. A las 13.09, empezó a circular el rumor de que el tuit de Associated Press era falso. A las 13.13, las órdenes de venta de títulos pararon. El Dow Jones recuperó los puntos perdidos y las cosas volvieron a la normalidad.
Solo que no era la misma normalidad que antes. El incidente había tenido un origen tangible: alguien había pirateado la cuenta de Twitter de Associated Press y había publicado el tuit que sembró el caos en los mercados. Algo aparentemente fácil de repetir. Los hechos pusieron además en evidencia los puntos flacos de varias instituciones. Por ponerlo en perspectiva: alguien había irrumpido en una de las cuentas informativas con mayor credibilidad de la red para noticias de última hora; había cobrado la voz de una de las agencias más respetadas del mundo; había hecho creer a varias personas que la mismísima Casa Blanca estaba en peligro y el político más influyente del planeta, herido. Y había hecho que Wall Street se comportara, al menos durante unos momentos, como si todo aquello fuera verdad.




