21 febrero 2013
Apenas habló Rajoy ayer de corrupción. Terminó su discurso matutino diciendo que es injustísimo hablar de corrupción generalizada en España (lo cual posiblemente sea cierto: de lo que hay que hablar es de corrupción vertebradora del sistema político y económico) y, lo más llamativo, que la prueba de que todo va razonablemente bien contra la corrupción es que jueces y fiscales la persiguen y que por lo tanto “las instituciones funcionan“. Más adelante, en su réplica a Rubalcaba, mencionó por fin un caso concreto de corrupción, Filesa, para afirmar que el PSOE es el único partido que en España ha sido condenado por corrupción (olvidando amablemente la reciente condena a Unió: se ve que su distancia con CiU no es tanta como para meterse en esas cosas). Es decir, Rajoy rebatió solito su argumento matinal.
No hace falta hacer un recuento de jueces que han huido de Castellón con más prisa que si fuera Palermo para no seguir la investigación contra Carlos Fabra. Normalmente la manta con la que se tapa la mierda no es tan espectacular como en tierras del padre de Andrea Que Se Jodan. Que el PP se financió ilegalmente es algo que sabemos porque quedó probado en unas escuchas. La justicia española se inventó la doctrina Naseiro para invalidar el contenido concreto de unas escuchas legales porque buscando tráfico de drogas encontraron la financiación del Partido Popular. La prueba existía y era evidente, pero los jueces decidieron no que no existiera sino que la prueba no se podía usar en un juicio. Eso puede ser positivo o no (uno defiende rígidas garantías procesales, pero le escaman que éstas se sustenten en doctrinas Naseiro o Botín, que sea cuando aparece gente así cuando los altos tribunales se ponen creativos y garantistas). Lo que está claro es que hubo financiación ilegal, se pudo probar, pese a que por motivos formales no se pudiera juzgar.
Andando el tiempo hemos visto como Díaz Ferrán y Arturo Fernández, entre otros, metían dinero en Fundescam, la fundación financiera del PP de Madrid, de la regenerátrix Aguirre. Hemos visto la trama Gurtel, los cuadernos de Bárcenas. Y la única persona juzgada y condenada hasta ahora ha sido el juez que inició la investigación, Baltasar Garzón en medio de una magistral lección de Federico Trillo (uno de los que más sobres trincaban, según la contabilidad amanuense que Bárcenas se inventaba para pasar los ratos) de cómo entorpecer una investigación judicial si se dispone de los suficientes recursos políticos, económicos y mediáticos.
Si se hiciera una encuesta preguntando cuántos españoles piensan que habrá alguien algún día en la cárcel por Fundescam, alguien por la Gurtel, Fabra, o si el mismo Jaume Matas pasará alguna vez por la cárcel a cumplir sus seis años de condena, no creo que el resultado mostrara una especial fe en el engranaje institucional en la lucha contra la corrupción. Y mucho menos en el caso Noos. No es cuestión de demagogia: es la evidencia acumulada por los años lo que nos hace sospechar que los poderosos sólo pasan por el talego si los delincuentes se convierten en apestados del poder, como le pasó a Mario Conde y le puede pasar a Bárcenas si no negocia bien lo de sus libretas. Y en muchos de estos casos no es el juez (que muchas veces conduce heroicamente un caso que asegura una presión insoportable) sino precisamente un engranaje institucional que asegura para los poderosos la dilación para encontrar algún hueco que permita esfumar el caso o llegado el caso proceder al indulto si falla todo lo demás.
No es que las instituciones estén fallando, sino precisamente que están cumpliendo su función. Desde el vértice institucional, la Casa Real, el engranaje económico de nuestro país ha sido la puesta a disposición del poder económico del territorio para el ladrillo y el macroevento casi siempre impulsados por lo público. La corrupción es estructural, es el carburante del modelo económico. El traje institucional sirve siempre al modelo económico. Y aquí lo hace divinamente. Por eso Rajoy podrá presumir durante tiempo de que su partido no ha sido condenado por financiación ilegal, pese a las carretas de evidencias de que su partido es la cueva de Alí Babá.
Vía:http://blogs.tercerainformacion.es/iiirepublica/2013/02/21/estas-instituciones-y-la-corrupcion/
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