Esta meditación expone la necesidad de repensar el término democracia en un contexto globalizado y donde la tecnología podría ayudarnos a que el pueblo nuevamente participe en el gobierno. La oposición a esto son los políticos que hacen política por lucrar. Un referéndum podría llevarnos a iniciar un enorme cambio donde los ciudadanos podamos formar parte del gobierno nuevamente, mediante la tecnología, mirando lo que sucede en el gobierno y participando en las decisiones sensibles (no tiene nada que ver con los reclamos de indignados en España que buscan un referéndum con otros propósitos).
Esto ya no es una democracia.
Ahora, mientras lees esto, tienes la certeza de que vivimos en democracia. De que el gobierno que has elegido representa al menos una mínima parte de tus intereses. Tienes la certeza de que si el gobierno lo hace mal, elegiremos a otro y sentaremos en el banquillo a los responsables de los errores. De que las dictaduras y oligarquías son cosas del pasado.
Pero déjame decirte que estás equivocado. Lastimosamente, las cosas han dejado de funcionar bien. Hace mucho. Nos hemos adormecido sobre la trillada cantaleta que dice que democracia es el gobierno del pueblo y que el voto es el acto democrático por excelencia.
Hace seis años asistí como técnico en un acto de transferencia de poder ministerial de un partido político a otro. Antes del desarrollo del evento, conversé con una periodista, amiga mía de la niñez. Me reveló algo desagradable: “Conozco a unos 35 de los 40 delegados del nuevo gobierno que están aquí presentes, he tenido oportunidad de entrevistarlos o al menos conversar con ellos. ¿Sabes una cosa? Todos eran del anterior partido político. Ahora vienen vistiendo la camiseta del equipo opuesto, a recibir el mismo poder que detentan hace años, en otras instancias del gobierno. Al final, cambian unas cuantas cabezas, pero a nivel político, todos ellos están inscritos en ambos partidos, y probablemente en otros más. Siempre gobiernan los mismos”. Obviamente ese no es el concepto de democracia que todos tenemos en mente.
Esa es solo una muestra de lo que ocurre en el presente. Básicamente el concepto de democracia se enarbola por todos para ganar votos, pero se ha distorsionado de muchas formas. Creemos elegir gobernantes, pero elegimos banderas políticas, representadas por el mismo tipo de políticos: gente que busca el poder para lucrar, no para cambiar el rumbo de nuestras naciones. Creemos que el parlamento nos representa, pero sólo hace falta ver una votación para comprobar que todas las decisiones responden a la voluntad de los jefes de los partidos (siempre los verdes votan sí, los azules no, o viceversa). No responden a los intereses de la gente. Los parlamentarios no transmiten las decisiones de la gente, sino que toman las decisiones que les resultan más lucrativas. Creemos participar en el gobierno, pero los gobernantes no tienen el más mínimo interés en escucharnos, y tienen un enorme interés en lograr que su gestión les resulte lucrativa al máximo. Creemos tener injerencia sobre las decisiones gubernamentales -de lo contrario hacemos una huelga o una protesta- pero la realidad es que no influímos en absoluto y que los mecanismos de protesta han sido sistemáticamente desautorizados y reprimidos.
Esta forma de democracia data de hace miles de años, cuando resultaba efectiva para pequeños grupos humanos y donde no había tecnología. ¿Porqué hoy seguimos aceptando gobiernos de esta clase? Dejo la respuesta a los historiadores. Pero la gente de la calle tiene propuestas para lograr un cambio real. Estas son una síntesis de varias que escuché por ahí. Todas son la voz de la gente de la calle, no mía.
a) Requerimos reencauzar el concepto de democracia. La democracia actual no lo es en absoluto. El pueblo no gobierna, los políticos lo hacen y sólamente obedecen a los mandatos de perpetuarse en el poder y lucrar. Debemos empezar a evitar esto de alguna forma.
b) Básicamente hay dos aspectos esenciales en esto. Por una parte, requerimos ver lo que hace el gobierno -generar mecanismos de transparencia-. Todas las acciones que involucren dinero deberían ser visibles. Las empresas y personas que participan, la documentación admitida, las reglas de los concursos, los plazos, informes, pagos y recibos, todo debe ser visible. ¿Acaso esto es imposible? Con seguridad que una empresa que tenga intenciones legales estará de acuerdo. Por supuesto que todo proceso correctamente realizado debería otorgar puntuaciones positivas para sus participantes e incluso evaluadores. Los sitios de ventas por Internet, siendo empresas privadas, funcionan básicamente con este esquema. Así sabemos usar mejor nuestro dinero.
c) El segundo aspecto esencial en el proceso democrático apropiado es que requerimos participar en las decisiones -generar mecanismos de participación-. Requerimos que los ciudadanos ingresen en las decisiones congresales, ministeriales, y hasta cierto punto, judiciales. ¿Acaso esta no es precisamente la gran virtud del Internet? Disminuir la asimetría informativa y otorgar poder a la gente. ¿Cómo es que aun no estamos en este punto?
d) Nada de esto será posible si no logramos bloquear con la punta del pie una puerta que tiende siempre a cerrarse: el mismo gobierno no está dispuesto a este tipo de cambios. Esto se debe a que muchos políticos hacen política por lucrar, no por gobernar. Entonces, el primer paso sería realizar un referéndum para decidir la implementación transversal de los mecanismos de transparencia y participación en todos los niveles de gobierno. El día que logremos aprobar la realización de un referéndum de estas características, con seguridad las masas aprobarán la implantación de mecanismos tecnológicos de transparencia y participación.
El Internet es nuestro aliado. ¿Lo lograremos?
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