Arsenio Escolar
Tenemos un grave problema de déficit financiero en las cuentas públicas, sí, y en las privadas de las familias y las empresas, y en las de la banca (sobre todo en las antiguas cajas gestionadas por políticos), y el Gobierno lo combate (o eso proclama) con recortes democráticos. Generando déficit democrático.
Incumplir al completo un programa electoral con el que se ha ganado unas elecciones es un déficit democrático. Hacer, una vez en el Gobierno, todo lo contrario a lo que se dijo y prometió antes de las elecciones es un déficit democrático. Mentir una y mil veces sobre asuntos públicos es un déficit democrático. No asumir las responsabilidades y echar por sistema las culpas a otro es un déficit democrático. Repartir los recortes desproporcionadamente, sin atender a lo que ordena la Constitución en su artículo 31 (“Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”) es un déficit democrático. Decretar amnistías fiscales para los defraudadores es un déficit democrático. No explicar las cosas es un déficit democrático. Recortar derechos es un déficit democrático.
Ocultar el pasado miércoles el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y nada menos que ante el Congreso de los Diputados, detalles muy relevantes de los recortes es un déficit democrático. Seguir ocultando esos detalles el pasado viernes la vicepresidenta y portavoz, Soraya Sáenz de Santamaría, en la rueda de prensa oficial tras el Consejo de Ministros donde se habían aprobado, es un déficit democrático. Dar la información a los inversores extranjeros (y en lengua no oficial en España) antes que a los ciudadanos españoles es un déficit democrático. Cuestionar algunos altos dirigentes del PP el derecho a manifestación y a protesta pacífica de los ciudadanos es un déficit democrático. Tratar, en fin, a los ciudadanos como si fueran súbditos es un clamoroso, irresponsable y gravísimo déficit democrático.
Además de sus propios datos internos, el déficit financiero tiene un indicador concreto, un dato que nos dice si se le ve solución al problema: la prima de riesgo (por cierto, a esta ahora no va bien). El déficit democrático tiene indicadores menos concretos, poco medibles, pero da la impresión de que un número creciente de ciudadanos están llegando al límite de su paciencia en los recortes
No hay comentarios:
Publicar un comentario