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Estoy
totalmente de acuerdo con lo que dice Ana Oramas. No se puede permitir
hacer caja con el dolor de los demás. Esto es un circo. Siempre lo pensé cuando
he visto en alguna ocasión algún programa en los que había algún delincuente o
familiares de ellos para llevárselo fresquito y sin ningún tapujo.
Reconozco haber
sido en alguna ocasión un cotilla y he visto alguno, generan cierto morbo y es
fácil caer en la tentación, pero no lo admito, por mi, si no existieran mucho
mejor. Los problemas con la justicia que se resuelvan en los tribuales.
Una
cosa es la libertad de expresión, y otra bien distinta es qué, la televisión,
no tenga como norma las buenas prácticas deontológicas y sea el medio de vida para delincuentes
sin escrúpulos ávidos de esta vorágine sensacionalista que solo tienen cabida
porque se les da respaldo en ciertos medios televisados, y que, muy a pesar de
lo que bebería de ser lo correcto, hacen números de audiencia que no les
importa a quien estén haciendo daño.
“Es
perverso e inadmisibles que un crimen genere beneficios a su autor o a su
familiares por ir a un programa a hablar de ello, mientras las victimas se ven
obligadas a ser testigos de un espectáculo público y remunerado a costa de su
dolor y sufrimiento.”
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