El Monopoly
Publicado: 07/06/2012
Ante el absoluto desprestigio de las instituciones,
gobiernos, economías, expertos, ante el ridículo total que nos brinda el sistema
en su conjunto, el ciudadano, acorralado, intenta protegerse, defenderse como
mucho, pero no ataca. No somos guerreros, no conseguimos gritar lo
suficientemente alto porque no hemos sido educados para ello. No hemos vivido
una guerra, que diría mi madre, no somos capaces de reaccionar ante el horror,
la injusticia, el abuso impune con la suficiente contundencia, porque
rechazamos de inicio utilizar los mismos mecanismos con los que el sistema
ejerce su presión. Nuestras armas son la ironía y el cinismo, eficientes,
incluso mortales, en manos de maestros como El Roto,
por poner un ejemplo, pero eso, aún siendo mucho, no basta. Contemplamos el
desmoronamiento del viejo edificio de madera podrida, y las vigas, infestadas
de polillas, nos golpean en la cabeza, haciéndose añicos.
Lo comentamos, lo tuiteamos. ¿Es suficiente? Ya nada
parece merecer respeto, y menos, las personas que lo exigen. Políticos,
economistas, interlocutores, especialistas... se transforman, delante de
nuestros ojos, en payasos burlones que se ríen de nosotros a la cara. La vida
es una farsa plagada de impostores, y nosotros somos tan tontos que nos la
tomamos en serio. ¿Cómo pretenden que cumplamos con nuestras obligaciones
cuando los que nos obligan a hacerlo se están partiendo la caja? Veo cómo
saltan los botones de sus camisas con las carcajadas. Un banco manda a la calle
por deshaucio a miles de familias. Ese mismo banco pierde miles de millones de
euros, y ahora, esas mismas familias, con sus impuestos, tendrán que pagar la
estafa. La realidad es tan histriónica, sobreactuada, imposible, grotesca, que
no permite el uso de la ironía ni el sarcasmo.Hay que buscar nuevas fórmulas. La indignación es el
primer paso, sin duda, pero no el último. Bajo este revolucionario movimiento
se han conseguido avances positivos. Primero, la contundencia de sus
afirmaciones nos ha ayudado a recuperar el respeto. Segundo, la ausencia de
líderes que monopolizen y filtren los resultados nos ha devuelto la confianza.
Pese a la evidente presión de algunos medios de comunicación estrechamente
relacionados con grupos de poder, la indignación se ha convertido en un
fenómeno de alcance global, porque global es la necesidad de soluciones. Se precisa,
sin embargo, de una estrategia alternativa. Hay que buscar un espacio en la
mesa donde no se juegue al Monopoly.Por vez primera en la historia de la humanidad (así de
rimbombante) tenemos la oportunidad de tomar decisiones absolutamente globales,
unitarias, a través de la herramienta más poderosa de comunicación que ha
existido NUNCA. Se llama internet y la conocéis bien. La gente vive, se conoce,
trabaja y se comunica instantáneamente a través de las redes sociales. ¿Para
qué sirve un intermediario cuando ya no es necesario que medie? ¿Por qué voy a
rendir cuentas a alguien que no sabe llevar las cuentas? Los que llevan la
banca están deseando que caigamos en sus casillas llenas de hoteles. ¿Hay una
manera de evitarlo?Podemos y debemos utilizar blogs, Facebook y Twitter
como vías de escape, como otro juego de mesa con el que aliviar la angustia de
perder en el Monopoly. Pero al mismo tiempo, deberíamos encontrar la manera de
establecer un nuevo juego, y que las reglas se escriban electrónicamente.
Me gusta este análisis de Alex de la Iglesia.
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